jueves, 29 de septiembre de 2016

Actualmente no me encuentro en mi época más álgida como intento de bailarina ni me siento más orgullosa conmigo misma de lo normal, simplemente empiezo a sentir la danza más dentro, estoy siendo capaz de comprenderla como ella se merece, como ambas nos merecemos.
El ballet, al igual que otras disciplinas, es un camino duro en una única dirección y no es tan fácil como intentan pintárnoslo. Cada ejercicio o posición no sale a la primera, ni mucho menos a la segunda, sino que es algo que se perfecciona cada momento y que da sus frutos muy poco a poco, algo que se cultiva desde el primer instante, que se cocina con cuidado, algo que si dejas de regar, deja de crecer y se estanca. Nunca existirá el bailarín perfecto, porque este tendrá el objetivo de superarse cada día, de ser mejor que el día de antes.
Es un sacrificio acompañado de esfuerzo, superación, competitividad y sufrimiento. Habrá muchas razones que te hagan dejarlo, yo misma lo he dejado varias veces; pero luego conscientemente he vuelto porque lo echaba de menos. A fin de cuentas te acabas convirtiendo en su propia esclava, porque a pesar de todo lo malo que te haga, siempre existirá algo bueno que te haga continuar o en mi caso, volver.
Es un arte en el que se combina cuerpo y mente, donde se interpreta lo que sentimos a partir de movimientos y por el cual se crea a partir de un sonido.


3 comentarios:

  1. Hola, me ha gustado tu blog y te sigo para quedarme por aquí, ¿te pasas tú por el mío?
    Nos leemos. Kisses ^^

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  2. Haz de la danza tu nuevo estilo de vida. Todo va a costar. Todo llevará su esfuerzo. Pero los logros se vitorean con mayor gozo. Que en cada paso que des, encuentres la felicidad de saber que estás avanzando. Al fin y al cabo, quedarnos quietos es lo que nos va marchitando.

    Saludos :)

    Ale, el Terco

    http://khaleesigeek.blogspot.com.ar/

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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